TEORÍAS ÉTICAS
Introducción
Cada decisión refleja nuestros valores; la ética nos enseña a elegir con conciencia.
No solo vivimos, sino que decidimos quiénes seremos: la ética nos muestra el camino.
Lo correcto no siempre es fácil, pero entender la ética nos da la fuerza de decidir bien.
La ética es una
disciplina filosófica que reflexiona sobre la conducta humana, indagando el
fundamento de lo que llamamos “bien” o “correcto”. A diferencia de otras ramas
del saber, la ética no se limita a describir comportamientos, sino que busca normas, principios y valores que orienten cómo debemos
actuar y por qué debemos hacerlo (Velásquez
2014).
Como señala (Velásquez 2014), “las teorías éticas
proporcionan marcos estructurales para evaluar juicios morales y decidir cursos
de acción apropiados” (p. 27). Esta orientación es esencial tanto en la vida
individual como en la esfera social, política y profesional. En un mundo
marcado por complejidades éticas; como la corrupción, la discriminación, la
desinformación y las crisis de gobernabilidad; las teorías éticas funcionan
como herramientas analíticas y normativas para interpretar y evaluar la
realidad.
Este trabajo
desarrolla con mayor profundidad las principales teorías éticas clásicas y
contemporáneas: ética de la virtud, deontologismo,
utilitarismo y ética del cuidado, así como su relevancia para
problemas sociales actuales.
1. La
ética de la virtud
La ética de la
virtud se originó en la Antigua Grecia, con figuras como Aristóteles y su reflexión sobre lo que
constituye una vida buena y plena.
1.1 Fundamentos aristotélicos
Aristóteles, en
la Ética a Nicómaco,
sostiene que: “La virtud es un hábito selectivo que consiste en un término
medio relativo a nosotros, determinado por la razón” (Aristóteles 2000, p. 1107a1).
Para (Aristóteles 2000), la eudaimonía, frecuentemente
traducida como “felicidad” o “florecimiento humano”, es el fin último de la
vida humana. Este fin no se alcanza por simple placer o satisfacción inmediata,
sino por la práctica constante de virtudes,
entendidas como disposiciones estables que perfeccionan la acción humana.
1.2 El término medio y la formación del carácter
La virtud, según
esta perspectiva, es un equilibrio racional entre extremos viciosos. Por
ejemplo, la valentía se ubica entre la cobardía y la temeridad. Lo relevante no
es una posición intermedia neutra, sino una que exprese juicio práctico y
prudencia (Maclntyre 2007).
(Maclntyre 2007)
afirma que: “Las virtudes son aquellas disposiciones que sostienen las
prácticas y permiten alcanzar los bienes internos a ellas” (p. 191).
Esto resalta la
dimensión comunitaria y racional de la ética de la virtud: las virtudes se
cultivan mediante la repetición y la reflexión crítica, y los bienes que buscan
no son meramente subjetivos sino objetivamente identificables en contextos
sociales concretos.
2.
Deontologismo o ética del deber
El deontologismo
asigna la primacía a los principios
y normas universales antes que a las consecuencias. Su
desarrollo sistemático se debe a Immanuel Kant,
quien reconfiguró la ética moderna con una propuesta basada en la razón pura
práctica.
2.1 El imperativo categórico
(Kant 2003) formuló el
imperativo categórico como norma fundamental de la moralidad: “Obra solo según
aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley
universal” (p. 73).
Esto significa
que una acción es moralmente correcta si su máxima puede convertirse en una ley
que todos puedan seguir de manera coherente.
2.2 La dignidad humana como fin
Otra formulación
kantiana destaca la dignidad intrínseca de las personas:
“Obra de tal
modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro,
siempre como un fin y nunca solamente como un medio” (Kant 2003, p. 84).
La ética
kantiana influye directamente en conceptos contemporáneos como los derechos
humanos, el respeto por la autonomía personal y la prohibición de
instrumentalizar a las personas.
2.3 Críticas y defensa contemporánea
Aunque el
deontologismo ha recibido críticas por su rigidez frente a dilemas complejos,
defensores como (Rawls 1999) han
reinterpretado la ética del deber en términos de justicia y equidad
estructural.
(Rawls 1999) afirma que: “La justicia como equidad es una
concepción de justicia que sostiene los principios que toda sociedad bien
ordenada consideraría justos” (p. 11).
De este modo, la
perspectiva deontológica se vincula con la justicia social y la protección de
derechos fundamentales.
3.
Utilitarismo o consecuencialismo
El utilitarismo
propone que la moralidad debe evaluarse según las consecuencias de las acciones. El principio fundamental es la maximización del bienestar
general.
3.1 Fundamentos clásicos
(Mill 2014) describe la moralidad utilitarista así: “Las acciones
son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad, incorrectas
en la medida en que producen lo contrario de la felicidad” (p. 51).
(Bentham 2008) propuso una medición de placer y dolor que
posteriormente fue refinada por Mill, quien introdujo la distinción entre
placeres superiores e inferiores.
3.2 Ventajas y limitaciones
El utilitarismo
es valorado por su aplicabilidad práctica en políticas públicas, especialmente
cuando se busca maximizar beneficios generales. Sin embargo, ha sido criticado
por su tendencia a sacrificar derechos individuales si esto favorece al
conjunto de una población.
(Satz 2019) señala: “El utilitarismo enfrenta desafíos cuando
intenta equilibrar el bienestar colectivo con la protección de derechos
individuales y minorías” (p. 83).
Esto sugiere la
necesidad de complementar las evaluaciones utilitarias con principios
normativos que garanticen justicia y equidad.
4.
Ética del cuidado
La ética del
cuidado surge como una respuesta a las limitaciones de las teorías centradas
exclusivamente en reglas o consecuencias. Fue desarrollada por Carol Gilligan en su obra In a Different Voice.
4.1 Principios fundamentales
(Gilligan 1982) propone que la moral no puede reducirse a
abstracciones normativas, sino que debe considerar la relacionalidad y la atención hacia las necesidades de los otros:
“La moralidad
vista desde la perspectiva del cuidado se centra en la responsabilidad, la
empatía y las relaciones personales” (p. 19).
En esta
perspectiva, el énfasis no está en principios universales o en maximización de
utilidades, sino en atender particularidades contextuales y vínculos humanos.
4.2 Aplicaciones críticas
La ética del
cuidado ha sido valiosa en ámbitos donde las relaciones humanas son centrales,
como la educación, la salud y el trabajo social.
(Noddings 2013) sostiene que la verdadera ética debería surgir del
reconocimiento de la interdependencia humana y la responsabilidad hacia el
otro.
5.
Integración y comparación de enfoques
Las teorías
éticas ofrecen marcos diferentes pero complementarios para evaluar dilemas
morales. Considerar cada una permite un análisis más completo y robusto de
decisiones éticas en contextos reales.
|
Teoría |
Criterio
principal |
Pregunta
clave |
|
Virtud |
Carácter |
¿Qué tipo de persona debo ser? |
|
Deontología |
Deber |
¿Cumple con una ley moral universal? |
|
Utilitarismo |
Consecuencias |
¿Maximiza bienestar social? |
|
Ética del cuidado |
Relación y responsabilidad |
¿Protege la dignidad y contexto humano? |
Esta comparación
resalta que ninguna teoría, por sí sola, responde completamente a todos los
dilemas éticos. Por ejemplo, una decisión puede promover bienestar general
(utilitarismo) pero vulnerar derechos (crítica deontológica), o puede estar
bien intencionada (ética del cuidado) pero carecer de principios universales
(crítica kantiana).
6.
Relevancia en contextos contemporáneos
Las teorías
éticas no son conceptos puramente abstractos, sino herramientas útiles para
comprender y enfrentar problemas actuales como:
·
Corrupción
e impunidad
·
Desinformación
y polarización
·
Debilidad
institucional
·
Desigualdades
sociales
Según (Sánchez 2025), la crisis de valores en el Perú
exige una ética que no solo se reflexione en abstracto, sino que se transforme
en prácticas sociales efectivas y responsabilidades
ciudadanas compartidas (p. 118). Esto implica no solo formar
individuos virtuosos (ética de la virtud), sino también instituciones que
respeten dignidad humana (deontologismo), promuevan bienestar colectivo
(utilitarismo) y cuiden las relaciones sociales (ética del cuidado).
Conclusión
Las teorías
éticas representan marcos esenciales para entender y evaluar la moralidad
humana. Cada una aporta herramientas conceptuales que, de forma conjunta,
fortalecen el análisis de problemas complejos de la vida individual y social.
La ética de la
virtud enfatiza el carácter y la formación moral. El deontologismo aporta
principios universales y respeto por la dignidad. El utilitarismo ofrece
criterios para evaluar consecuencias colectivas. La ética del cuidado recalca
la importancia de las relaciones humanas.
La comprensión
integrada de estas teorías permite construir una visión ética más amplia, capaz
de orientar decisiones personales, políticas públicas y acciones colectivas,
especialmente en sociedades que enfrentan profundas crisis de valores y
desafíos democráticos.
Referencias Bibliograficas
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